Visión y adolescencia

Visión y adolescencia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta , entre los 10 y los 19 años. Es la etapa de la vida en la que suceden grandes cambios que son difíciles de manejar. Los cambios son tanto físicos como sexuales, cognitivos, emocionales y sociales.

Suele clasificarse en:

  • Adolescencia temprana (entre los 10 y los 13 años)
  • Adolescencia media (entre los 14 y los 17 años)
  • Adolescencia tardía (de 18 en adelante)

A nivel visual, son las etapas temprana y media las que más importancia tienen debido a que las estructuras oculares siguen en proceso de desarrollo y las actividades visuales, tanto a nivel educativo en las escuelas como de ocio en visión cercana, aumentan exponencialmente requiriendo mayor demanda y buen estado de la visión.

Por otra parte, es normal que estos jóvenes enfoquen su pensamiento hacia un cierto egocentrismo y extremismo, suelan sentirse cohibidos o preocuparse por su apariencia y reaccionen con intensidad hacia sus padres, madres o tutores por lo que influenciarles en prácticas saludables, en este caso de salud visual, aun siendo arduo se convierte en una tarea imprescindible que debe tener en cuenta las diferencias particulares de cada individuo.

En esta sección vamos a tratar y aconsejar sobre los aspectos más relevantes relacionados con la visión en esta época de desarrollo. Descubre los siguientes apartados a continuación:

Ametropías o errores refractivos en la adolescencia

Cuando en la adolescencia aumentan las demandas visuales por el aumento progresivo del nivel de estudios y la mayor actividad de ocio con dispositivos digitales se hace indispensable tener una adecuada visión.

La ‘visión’ es la capacidad que tenemos para procesar la información del entorno, obtener un significado y comprender lo que vemos y está totalmente ligada al aprendizaje. Esto implica que en estas edades se deben vigilar especialmente:

  • Las ametropías o errores refractivos
  • Las disfunciones de acomodación
  • Las disfunciones de binocularidad

La principal y más común causa de discapacidad visual en el adolescente es la aparición o el desarrollo de leves errores refractivos no corregidos. Estos errores se manifiestan principalmente en cuatro vertientes: miopía (visión borrosa de lejos), hipermetropía (borrosidad o dificultad en visión cercana), astigmatismo (distorsión de las imágenes) y anisometropía (diferente estado refractivo entre los dos ojos).

Durante esta etapa suelen aparecer miopías bajas (con un máximo de 3 dioptrías) que suelen estancarse entre los 18 y 24 años. Estas miopías suelen estar relacionadas con el crecimiento axial del ojo debido al desarrollo corporal, el exceso de actividades visuales a muy corta distancia y la falta de actividades al aire libre.

Una vez que la miopía hace acto de presencia, es difícil controlar su evolución. Por ello es muy importante la detección precoz de esta disfunción por parte del óptico-optometrista, con el fin de llevar a cabo una evaluación del paciente, prescribir los medios para su compensación y/o contención y evitar que su visión se vea perjudicada.

Es en estas edades también cuando se pueden poner de manifiesto hipermetropías leves no detectadas con anterioridad. El paciente hipermétrope leve presenta una buena agudeza visual tanto lejana como cercana, pero debe realizar un sobreesfuerzo inconsciente de enfoque mayor del normal en tareas prolongadas de cerca para percibir las imágenes correctamente.

Suele manifestarse en problemas de rendimiento académico, rechazo a la lectura, fatiga visual, borrosidad intermitente al leer, lagrimeo u ojos rojos. Es también importante un diagnóstico temprano para evitar astenopias y bajo rendimiento o fracaso escolar.

El astigmatismo es un problema refractivo muy frecuente entre la población y suele estar presente ligado a otros defectos como la miopía o la hipermetropía.

Esta alteración viene dada por una deformación congénita en la curvatura de los medios oculares lo que ocasiona una visión alterada de la forma de los objetos que observamos, provocando una disminución de la agudeza visual y visión borrosa. Suele manifestarse con cefaleas frontales frecuentes, fatiga visual o entrecerrar los ojos para ver.

La anisometropía es un defecto visual en la que el estado refractivo de los dos ojos difiere entre sí. No siempre es significativa, teniendo relevancia cuando existe una diferencia igual o mayor a 1D de diferencia en la refracción y especialmente importante cuando difieren 3 o más dioptrías.

Son muy importantes las revisiones periódicas y la detección precoz de esta disfunción para evitar problemas de ojo vago permanente.

Disfunciones de acomodación en la adolescencia

La acomodación es la capacidad para enfocar los ojos rápida y automáticamente, con independencia de la distancia a la que se encuentre el trabajo. Esta disposición resulta fundamental para realizar actividades que requieren una visión cercana nítida y cómoda en actividades escolares como el estudio o la lectura.

Las disfunciones o alteraciones acomodativas no son fácilmente detectables ya que no están ligados a problemas de agudeza visual (visión borrosa) por lo que al detectar los síntomas asociados es importante acudir a tu óptico-optometrista.

Las alteraciones o problemas acomodativos, en la adolescencia se pueden clasificar en:

  • Insuficiencia acomodativa.
  • Exceso acomodativo.
  • Inflexibilidad acomodativa: dificultad para enfocar de lejos a cerca y viceversa.

Y los síntomas suelen ser:

  • Realiza las actividades demasiado cerca.
  • Visión borrosa ocasional o mantenida en visión próxima o al realizar cambios rápidos de lejos a cerca o viceversa.
  • Ojos enrojecidos o cansados después de realizar el trabajo.
  • Dolores de cabeza cuando lee o escribe.
  • Parpadea excesivamente.
  • Fatiga visual y/o abandono de la tarea.

Disfunciones de binocularidad en la adolescencia

Se conoce así a las alteraciones que se producen en la coordinación de los ojos a la hora de mantener la fijación en un punto determinado, evidente sobre todo en actividades en las que predominan la visión cercana como la lectura o el trabajo con ordenadores y dispositivos digitales, entre otros.

Existe un problema binocular no estrábico cuando se mantiene la visión binocular con fusión (asociación de las imágenes oculares) pero con un esfuerzo que produce una sintomatología adversa. Es decir, sin poseer estrabismo se puede tener un problema para coordinar los dos ojos a la vez; esto requiere un sobresfuerzo que puede dar lugar a molestias visuales y bajo rendimiento académico que debe ser analizado por el óptico-optometrista.

El problema de este tipo más frecuente entre la población adolescente es la insuficiencia de convergencia, consistente en la incapacidad para mantener los dos ojos trabajando juntos cuando se enfoca sobre una distancia cercana. Cuando la disfunción aparece en la visión lejana, se produce un exceso de divergencia.

Y los síntomas suelen ser:

  • Posturas corporales anómalas.
  • Realiza las actividades demasiado cerca.
  • Gira la cabeza para evitar la diplopía.
  • Cierra un ojo o se lo tapa.
  • Acusa diplopía o visión doble ocasionalmente.
  • Pobre comprensión lectora.

Protección solar y adolescencia

Intentamos inculcar a los adolescentes la importancia de la protección solar para los daños en la piel, pero pocas veces les insistimos en la necesidad de usar gafas de sol verdaderamente homologadas para la protección ocular frente a la radiación nociva.

Para los adolescentes, la adquisición de gafas de sol está basada principalmente en las tendencias de moda y no suelen tomar en consideración la calidad ni la salud visual que pueda conllevar. Es importante concienciarlos para evitar la compra y uso de productos de baja calidad que pueden ser dañinos y ayudarlos para alcanzar unos mínimos niveles de calidad y protección.

Es importante tener en cuenta que las estructuras y tejidos oculares de los adolescentes no están totalmente desarrollados por lo que son más sensibles que los adultos a las radiaciones solares y tiene menos mecanismos de defensa.

Por lo tanto, el uso frecuente de gafas de sol homologadas y la adopción de unos hábitos de exposición solar saludables y preventivos hasta, al menos, los 18 años de edad son imprescindibles y pueden reducir drásticamente las posibilidades y los riesgos de sufrir daños a corto plazo como lesiones corneales y conjuntivales, o a largo plazo como degeneraciones de retina, cataratas prematuras y alteraciones oculares que afecten a la visión permanentemente.

¿QUE MEDIDAS DE PROTECCIÓN SOLAR OCULAR SON ADECUADAS EN LA ADOLESCENCIA?

Los ópticos-optometristas recomendamos adoptar estos hábitos adecuados y preventivos, imprescindibles para proteger los ojos de la radiación solar nociva:

  • Fundamental, usar frecuentemente gafas de sol homologadas que bloqueen la radiación ultravioleta y elegirlas a través de canales especializados, especialmente establecimientos sanitarios de óptica con asesoramiento profesional.
  • Los lentes filtros de las gafas de sol deben poseer una buena calidad visual, tener marcado CE, lentes resistentes, filtrar la radiación UV nociva, ser ópticamente neutras, que no provoquen distorsiones y que no afecten a la visión de los colores tal y como son.
  • Evitar encarecidamente comprar las gafas de sol de adolescentes en mercadillos, bazares y otros canales online de venta de baja calidad o sin garantías.
  • Es mejor no usar gafas de sol que usar unas malas sin el filtrado adecuado. La pupila se dilata más y traspasa mucha más radiación UV.
  • Si los adolescentes usan gafas graduadas, las gafas de sol también deben serlo.
  • Impedir la exposición solar continua en las horas centrales del día, entre las 13:00 y las 16:00 horas de la tarde.
  • Evitar la exposición solar directa en los ojos protegiendo las cabezas con gorras o viseras o con sombrillas y lonas en la playa o en la piscina teniendo en cuenta que estos medios dejan pasar hasta un 34% de radiación solar.
  • El consejo profesional del óptico-optometrista es la mejor garantía de conseguir un producto sumamente eficaz en la protección de los ojos, además de asegurar que las gafas les queden bien ajustadas, sean seguras y estén cómodos con ellas.

Dispositivos digitales y visión en la adolescencia

El sistema visual del ser humano está diseñado para actividades que requieren una buena y continua visión lejana y el uso de la visión de cerca solo durante breves periodos.

En la adolescencia las tareas visuales académicas de ámbito cercano con libros u ordenadores que requieren una mayor demanda visual y una menor distancia de visión se incrementan exponencialmente, unidas al excesivo, prolongado o inadecuado uso doméstico o de ocio de teléfonos móviles y tablets.

Los adolescentes son los mayores y mejores consumidores de información y juegos a través de dispositivos digitales y sobre todo de RRSS a través de teléfonos móviles. Según el estudio ESTUDES 2018-2019 el 82,2% de los adolescentes juega a videojuegos y según otros estudios casi la totalidad de los adolescentes son usuarios de RRSS.

De hecho, los adolescentes, en la mayoría de los casos, hacen un uso totalmente irresponsable de los estos dispositivos móviles. Aparte de las contraindicaciones como aislamiento social y el uso compulsivo (20% de los adolescentes según ESTUDES 2018-2019), hay un riesgo visual añadido para todos debido al abuso de horas diarias de uso con una distancia de visualización excesivamente corta.

Estas continuas actividades cercanas con dispositivos digitales pueden ser causantes de múltiples síntomas visuales negativos:

  • Fatiga visual
  • Cefalea o dolor de cabeza
  • Confusión visual
  • Sequedad, picor o ardor ocular
  • Enrojecimiento ocular o hiperemia
  • Visión borrosa en lejos
  • Visión borrosa en cerca
  • Diplopía o visión doble
  • Mareos
  • Síntomas óseo-musculares
  • Fotofobia

Al detectar cualquiera de estos síntomas es fundamental la consulta con el óptico-optometrista para adoptar las pautas o implementar las compensaciones necesarias para su restitución.

Uno de los efectos más negativos de este exceso de horas diarias uso con una distancia de visualización excesivamente corta es la miopía. Además de otros factores, hay estudios que demuestran que el abuso de la exposición visual a dispositivos digitales cuando el aparato ocular aún está en fase de maduración puede anticipar la aparición de la miopía o potenciarla.

Asimismo, en estudios realizados, se ha demostrado también la existencia de una relación directa entre una menor exposición diaria a la luz natural y la velocidad de un crecimiento ocular axial más rápido y, por lo tanto, al desarrollo de la miopía.

Por lo que podemos concluir que, en la adolescencia, un exceso de uso de dispositivos digitales sin actividades al aire libre y una distancia excesivamente corta de visualización son una apuesta segura para la aparición de miopías irreversibles y daños visuales asociados.

Drogas, visión y adolescencia

Los adolescentes son uno de los grupos más vulnerables ante el consumo de drogas y estupefacientes. Existen muchos tipos de drogas, legales e ilegales, que son más o menos accesibles para los adolescentes y cuyo consumo puede perjudicar gravemente su salud.

Básicamente la OMS las clasifica en tres grandes grupos: estimulantes, depresores y alucinógenos.

  • Son estimulantes las anfetaminas, la cocaína, el éxtasis y las metilxantinas (cafeína, teofilina y otros). Estas drogas alteran el estado mental y estimulan el cerebro y el sistema nervioso central. El efecto que producen es el de aumentar y acelerar la actividad funcional.
  • Los depresores son los tranquilizantes (benzodiacepinas), los hipnóticos (barbitúricos y alcoholes), los analgésicos narcóticos (codeína, heroína y otros), los anestésicos (cloroformo y otros) y los disolventes inhalantes (acetona, tolueno y otros). Estas sustancias inducen al sueño y a relajar el sistema nervioso y deprimen o disminuyen la actividad corporal.
  • Dentro del grupo de los alucinógenos podemos incluir al LSD, la mezcalina, el PCP, y los cannabis: hachís, aceite de hash y marihuana. Estas drogas provocan en el individuo una alienación pasajera de la actividad psíquica, con distorsiones perceptuales y desplazamiento de la imaginación. Producen delirios, alucinaciones y estados de confusión y despersonalización.

Los datos de iniciación de los adolescentes en el consumo de drogas y estupefacientes son preocupantes y suelen ser desconocidos por la población y los padres, madres o tutores. Según la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2018-2019) realizada a estudiantes de 14 a 18 años:

  • La edad media de inicio al consumo de hipnosedantes (con o sin receta) o de bebidas alcohólicas está entre los 13,7 a 14,0 años.
  • La edad media de inicio al consumo de tabaco, GHB (éxtasis líquido), heroína, inhalables, esteroides y cannabis está entre los 14,1 y 14,9 años.
  • La edad media de inicio al consumo de cocaína, anfetaminas y éxtasis está entre los 15,0 y 15,4 años.

Asimismo, actualmente las drogas más consumidas por nuestros hijos e hijas adolescentes son (por orden prevalencia de consumo en los doce últimos meses) el alcohol (75,9%), el tabaco (35,0%), los derivados del cannabis (marihuana y hachís) (27,5%), los hipnosedantes (12,5%), la cocaína (2,4%) y las drogas de síntesis (1,9%) (ESTUDES 2018-19).

Veamos los daños que provocan en la salud y en la visión las más frecuentes:

Alcohol

Se trata de la droga más consumida. Se clasifica en dos grupos: bebidas fermentadas (cerveza, sidra, vino) y destiladas (vodka, ginebra, ron). Es un depresor del sistema nervioso central que adormece progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales superiores, produciendo desinhibición conductual y emocional.

Aunque el alcohol afecta a muchas partes del organismo (aparato digestivo, cerebro, aparato reproductor, etcétera), sin duda la que puede resultar más afectada es el hígado, pudiendo llegar a desarrollarse patologías graves como la cirrosis hepática.

Como efectos visuales inmediatos, beber alcohol empeora principalmente la visión nocturna. Según un estudio -llevado a cabo por la Universidad de Granada– el etanol del alcohol reduce la calidad óptica de las imágenes que vemos porque deteriora la película de lágrima que recubre la superficie del ojo. Los resultados también muestran que incrementa la percepción de halos, así como otras alteraciones visuales.

A largo plazo, en casos de ingesta crónica de alcohol, provoca una carencia de vitaminas importantes para la visión: B1, B2, B3, B6 y B12 pudiendo generar una pérdida de la visión central de forma progresiva (escotoma), daños al nervio óptico, pérdida lenta y progresiva de la visión binocular y otros daños.

Tabaco

El tabaco es otra droga legal y comerciada, aunque su venta está prohibida a los menores de edad. El hábito de fumar perjudica a casi todos los órganos del cuerpo.

Entre las enfermedades relacionadas con el tabaco destacan la Bronquitis crónica, Enfisema pulmonar, Hipertensión arterial, Enfermedad coronaria, Úlcera gastrointestinal, Gastritis crónica, Impotencia sexual en el hombre y osteoporosis en la mujer.

Cada año mueren más de 5 millones de personas en el mundo a causa del tabaquismo. Se estima que la mitad de los fumadores muere de una enfermedad relacionada al consumo de tabaco y que viven en promedio 10-15 años menos que los no fumadores.

Las causas de muerte más importantes relacionadas con el consumo de tabaco son las enfermedades del corazón, cáncer de pulmón, bucofaríngeo o renal y enfermedades respiratorias. Es importante destacar que:

  • El consumo de tabaco comienza a dañar el organismo desde que se comienza a fumar.
  • El consumo de solo unos pocos cigarrillos por día también es dañino para la salud.

El tabaco puede agudizar varias enfermedades oculares, pero las más evidentes y frecuentes son las cataratas y la degeneración retiniana macular (DMAE). La persona fumadora acelera el envejecimiento celular en el organismo. Además, el tabaquismo puede ayudar a la aparición de enfermedades vasculares del ojo, enfermedad ocular tiroidea o sequedad ocular, entre otras.

Cannabis (marihuana y hachís)

El cannabis es una droga que se extrae de la planta Cannabis sativa, con cuya resina, hojas, tallos y flores se elaboran las drogas ilegales más consumidas en España: el hachís y la marihuana. Sus efectos sobre el cerebro son debidos principalmente a uno de sus principios activos, el Tetrahidrocannabinol o THC, que se encuentra en diferentes proporciones según el preparado utilizado:

  • Marihuana: obtenida de la trituración de flores, hojas y tallos secos.
  • Hachís: elaborado a partir de la resina almacenada en las flores de la planta hembra.
  • Aceite de hachís: resina de hachís disuelta y concentrada.

Al consumirse por vía respiratoria mezclado con tabaco a los efectos nocivos del psicotrópico se le añaden los daños del tabaco descritos anteriormente.

Además, un estudio realizado en Francia y publicado en la revista científica JAMA Ophtalmology demostró que fumarla ocasionalmente daña la visión retardando el procesamiento de la información visual en la retina. De acuerdo a la investigación, fumar cannabis afecta directamente al sistema nervioso central y al “procesamiento de la información visual en la retina”. En esencia, se desata una “anormalidad retinal” en los fumadores a diferencia de los que no consumen marihuana.

Otros estudios han examinado los efectos vasculares de los cannabinoides en la retina, lo que resultó en una alteración del flujo sanguíneo y el calibre vascular. Otros efectos pueden ser hiperemia conjuntival, ojo seco, midriasis y fotofobia.

Por otra parte, el consumo habitual provoca una serie de daños generales orgánicos y psicológicos:

  • Favorece enfermedades como la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar o el cáncer de pulmón. Además, su efecto broncodilatador potencia la absorción de sustancias tóxicas.
  • Altera el sistema cardio-circulatorio, provocando taquicardia y empeoramiento de la hipertensión o insuficiencia cardiaca.
  • Existen datos que indican un aumento de la incidencia de depresiones y psicosis por el consumo crónico de esta sustancia.
  • Provoca dificultades para estudiar, al disminuir las funciones de atención, concentración, abstracción y memoria, obstaculizando, por tanto, el aprendizaje.
  • Puede causar reacciones agudas de ansiedad y, en personas con predisposición a padecer trastornos mentales, puede provocar la aparición o agravamiento.

Cocaína

Es un alcaloide que se obtiene de las hojas de la planta de la coca. Es un estimulante muy adictivo que afecta directamente al cerebro. En el proceso de fabricación de esta droga, la cocaína se mezcla con sustancias y elementos como el talco, almidón, la cafeína u otras drogas como las anfetaminas. La forma habitual de consumo es a través de las fosas nasales, aunque también se puede fumar.

La cocaína estimula la corteza cerebral por acción inmediata en el sistema nervioso autónomo con taquicardia, aumento de la presión arterial y pupilas dilatadas (midriasis) con fotofobia. Es frecuente la inflamación e infección de los canales lagrimales por la cocaína aspirada, manifestándose con dolor y edema en la región del saco lagrimal.

Al estar mezclada con otras partículas, estas determinan granulomas pulmonares que, al ser liberados para la circulación general, llegan a la retina. Las partículas se localizan en los capilares de las capas más internas de la retina pudiendo producir una isquemia macular con la consecuente pérdida de la agudeza visual e incluso desprendimientos de la retina con sus graves consecuencias. (Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2009, Eglis Esteban García Alcolea)

Fuente: https://www.tuoptometrista.com/vision-y-adolescencia/

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